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quarta-feira, 30 de agosto de 2017

Innovación y su Dimensión Cultural - "creatividad aplicada" y el "significado simbólico"

En los últimos años, se ha venido prestando mucha atención a la innovación aplicada en los sectores culturales y creativos (SCC). Diremos escuetamente que cuando hablamos de innovación nos referimos a aquello que es novedad, o algo nuevo. Joseph Schumpeter (1939) definió la innovación como un nuevo producto, un nuevo proceso, una nueva forma de organización, la apertura de nuevos mercados y una nueva fuente de suministros. Otros estudios consideran la innovación como algo más que una novedad. Se menciona la innovación como la primera comercialización y puesta en valor de un nuevo método e idea (Dosi & Nelson, 2010; Fagerberg, 2006). En este sentido, el "abrir un primer mercado" se convierte en un criterio clave para distinguir la innovación de la invención y/o la imitación, donde la innovación introduce en la sociedad un elemento verdaderamente nuevo, mientras que la imitación es la interpretación de algo que ya existe en el mercado. Greenhalgh y Rogers (2010) señalaron que llegar a ser una "novedad en la empresa" no es una prueba suficiente para que estemos hablando de innovación, sino que se trataría más de la "difusión de la innovación". Mientras que Stoneman (2010) argumentó que la innovación es un proceso dinámico que abarca todas las etapas de la invención, la puesta en valor y la difusión de un producto, servicio o una idea, y todo lo que esto implica.




Los estudios y encuestas tradicionales sobre innovación, independientemente de si la teoría o estudios recientes ponen énfasis en la producción tecnológica y en la innovación de procesos de fabricación, siempre está relacionada con el análisis del proceso del cambio tecnológico (Dosi & Nelson 2010). La esencia de la innovación es algo relevante para la creación, aplicación y difusión de nuevas tecnologías y conocimientos. El número de actividades de I+D afecta fundamentalmente a las oportunidades de innovación tecnológica dentro de un territorio (por ejemplo, empresa, industria, región, nación o en el ámbito global), lo que a su vez determina los resultados de esa innovación y su rendimiento ( Becheikh et al., 2006).




Sin embargo, los sectores culturales y creativos (SCC) se caracterizan por la "creatividad aplicada" y el "significado simbólico" de la producción en masa de productos y servicios culturales (Bilton & Leary 2002). Los bienes y servicios simbólicos en SCC tienen como "primera aplicación" la comunicación de ideas, en lugar de la generación de bienes funcionales y la fabricación de materiales (Galloway & Dunlop 2006). El primero suele depender de la base simbólica (arte), mientras que el segundo es analítico (ciencia) y de base sintética (ingeniería) (Asheim & Hansen 2009). Teóricamente, la innovación en SCC se caracteriza por su posicionamiento en la dimensión simbólica, en lugar de hacerlo en su dimensión tecnológica. Por ejemplo, se proponen innovaciones "estéticas", "ocultas", "de contenido" o "suaves", desde las perspectivas de entrada, producción, proceso y medición de la innovación, capturando así la naturaleza única de la innovación en organizaciones artísticas y culturales.




Contrariamente a ello, en el plano práctico y puramente racional, se otorga una alta prioridad a la innovación tecnológica aplicada a muchas organizaciones artísticas y culturales. Las tecnologías digitales están interrumpiendo en las prácticas establecidas, generando nuevas oportunidades de aplicación de la innovación en toda la economía creativa (Fondo Digital de I+D para las Artes de 2013), y la mayoría de las organizaciones tratan las nuevas tecnologías como el motor esencial de la comercialización, archivado y preservación de su producción. Nuestro conocimiento sobre la innovación museística también sugiere que la innovación tecnológica se enfatizaba mucho más que cualquier otro tipo de innovación entre los museos. No son casos individuales; en realidad, muchos museos, instituciones y entidades del patrimonio cultural innovan con el uso y aplicación de las tecnologías (Ioannidis et al., 2014).




La creatividad y la generación de significado simbólico son las características centrales y esenciales de las SCC (Bilton & Leary 2002). La cultura es la expresión de su creatividad y está vinculada al significado, al conocimiento, a los talentos, a las industrias, a la civilización y a sus valores (KEA 2006). Mientras que los productos culturales tienen un valor añadido en el conocimiento, además de su valor económico, se pueden diversificar en una serie de componentes, incluyendo los valores estéticos, simbólicos, espirituales, históricos, sociales y educativos (Throsby, 2001). Existe, pues, una estrecha relación entre las SCC y la innovación. La esencia de cualquier innovación - incluida la innovación científica y técnica - aplicada a cualquier tipo de industria es creativa (Galloway y Dunlop 2007), y por lo tanto, las SCC deben tener un perfil esencialmente innovador. Además, los principales productos de una institución cultural y creativa son los bienes y servicios intangibles, cuya "primera aplicación de uso" es la comunicación de ideas, no tanto un valor funcional (Bilton & Leary 2002), por lo que la innovación en las SCC presentan características especiales, en contraposición a sus posibles dimensiones tecnológicas y funcionales.



Algunos estudios que se han realizado en el pasado proponen diferentes enunciados para describir el componente simbólico de la innovación, según diversas perspectivas, específicamente desde las de las industrias culturales y creativas. Desde la perspectiva de la producción de innovación en estos sectores, se genera "innovación estilística", que es el cambio en los elementos estéticos y simbólicos de los bienes y servicios (Cappetta et al., 2006). La "innovación estética" aumenta el valor percibido y satisface las demandas de los clientes (Alcaide-Marzal & Tortajada-Esparza, 2007) y la "creatividad de contenido", donde la creatividad y otras innovaciones provoca que se produzca una retroalimentación positiva entre las industrias creativas (Handke, 2004). A partir de los resultados de la innovación, se puede producir la "innovación formal", que cambia la forma del producto sin transformaciones necesarias en las funciones del producto y los métodos de producción (Bianchi & Bortolotti, 1996), e "innovación suave", que es la innovación en productos que impactan principalmente a partir de su estética, o valor intelectual, más que por su valor funcional (Stoneman, 2010). Si medimos el impacto de la innovación, podremos observar lo que denominamos "innovación oculta", que es aquellas que no está registrada por los indicadores tradicionales de la innovación y que involucra principalmente a cinco aspectos del desarrollo de una actividad: el diseño de productos externos, formas organizativas o modelos de negocio, nuevas combinaciones de tecnologías y mejora de procesos ya existentes (Miles y Green 2008).



En las organizaciones de arte y cultura, Bakhshi y Throsby (2010), identificaron cuatro dimensiones de la innovación: extender el alcance de la audiencia, el desarrollo del arte, la creación de valor y su modelo de negocio, todo lo cual enfatiza las dimensiones no tecnológicas en la generación y distribución del producto o servicio cultural. Llegado a este punto se genera, sin embargo, la idea de que las nuevas tecnologías son un factor vital que proporciona nuevas oportunidades y demandas de innovación en el arte, la cultura y las organizaciones creativas (Bakhshi y Throsby, 2009). La innovación cultural se subraya teóricamente, pero la innovación a través de las tecnologías está prácticamente extendida en las SCC. En realidad, la llegada de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) y la digitalización, constituyen tanto el contexto como los medios de innovación tecnológica en las organizaciones artísticas y culturales.




Dos puntos de vista se pueden resumir de todo lo que hemos descrito anteriormente. El primero, valora la adopción de la tecnología como actividad innovadora; no es una simple imitación del modelo de negocio existente - "en las SCC no se produce la misma necesidad urgente de adaptarse a la tecnología que existe en los negocios convencionales... (y) que las SCC sean valoradas como agentes beneficiarios en la sociedad" (Fopp, 1997). Esto significa que las organizaciones culturales tienen que formar sus propios modelos de negocio en el proceso de adopción de tecnologías para el desarrollo de su actividad. Por ejemplo, la preservación y aplicación del patrimonio digital (contenidos digitales y el museo virtual), transforman severamente las áreas de las actividades del museo, desplazándose desde el sitio físico al ciberespacio, permitiendo a los museos que se aumente el interés sobre ellos, generando a su público potencial una invitación a la visita real, y ofreciendo además acceso en línea a sus recursos y fondos digitales (Fopp, 1997, Karp 2004).


El segundo punto de vista, considera las tecnologías como la herramienta y los medios para lograr la innovación. Enfatizan la construcción de infraestructuras tecnológicas para facilitar la creación de otras posteriores innovaciones de procesos o productos, en lugar del progreso tecnológico en sí mismo. Las organizaciones artísticas y culturales pueden confiar también en las TIC para desarrollar prácticas de gestión innovadoras que funcionen (Marchant, 1999), para la conservación del patrimonio (Navarrete, 2014), la exposición y la narración (Pujol-Tost 2011), las nuevas experiencias de visitas (Kim et al., 2015), la comunicación y la mediación (Kéfi & Pallud 2011). El informe sobre cómo las artes y las organizaciones culturales pueden llegar a utilizar la tecnología, sugiere que las tecnologías digitales producen un impacto positivo en el desarrollo de la audiencia, el rendimiento creativo y en su eficiencia operativa, pero menor impacto en los ingresos en el sector de las artes y de las organizaciones culturales. Algunos estudios señalan que los museos están menos comprometidos con la tecnología digital que otras organizaciones artísticas y culturales. Esto implica que el grado de adopción de la tecnología también varía según el perfil de cada organización (modelos de gestión).






Cultura não é o que entra pelos olhos e ouvidos,
mas o que modifica o jeito de olhar e ouvir. 
A cultura e o amor devem estar juntos.

Vamos compartilhar.

Culture is not what enters the eyes and ears, 

but what modifies the way of looking and hearing.

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