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segunda-feira, 25 de maio de 2015

MUSEOS Y EL PLACER DE MIRAR -- · en MUSEOGRAFÍA. ·

Siempre hemos relacionado el Arte con nobles cualidades, pero cuando observamos a las personas en los museos de arte actualmente, no vemos que se muestre claramente el placer de disfrutar de esa belleza. Hemos estado durante horas en la galería de los impresionistas del Museo Metropolitano de Nueva York, por poner un ejemplo de tantos, y no hemos visto que alguno de los observadores casuales se conmoviera con claridad observando las obras de Degás, Monet, Manet, etcétera, o de cualquier otros artistas, cualquier otro movimiento. Y estamos hablando de verdaderos templos del Arte Universal. Hay quien asegura que la sensibilidad hacia el Arte es directamente proporcional a su estado emocional en cada momento. Nosotros, en aquella tarde en el museo, es posible que entonces estuviéramos observando un amplio grupo de personas tristes y melancólicas que no sabían mirar.


Esto puede significar que modificamos nuestra percepción según numerosas circunstancias personales, llegando a situarnos ante las cosas con posturas muy alejadas, siempre cambiantes e incluso muy frías. Tanta subjetividad emocional condicionaría siempre la lectura del mismo Arte al ser observado, transformando cada encuentro con la belleza plástica en un momento único e irrepetible o algo para ser olvidado. En el fondo, al final del camino, la plástica es eso, una referencia al placer que sentimos al observar la belleza en toda y cada una de las expresiones, incluidas las más sórdidas, traumáticas, violentas, reivindicativas si están realizadas desde el impulso creativo que quiere compartir una idea con el resto del mundo. El Arte debe desatar todo lo que llevamos dentro, lo bueno y lo malo si lo observamos como debe ser observado. El conocimiento del Arte es el complemento perfecto para desatar esa emoción con el disfrute de un momento de la historia de un sueño, haciéndole un guiño cómplice al artista creador.


Hay muchas maneras de observar el Arte en los museos para intentar comprenderlo. Evidentemente, hay un amplio grupo de personas a las que no les gusta la abstracción, lo que no responde a lo figurativo, a lo universalmente reconocible, afirmando behementemente que aquello que no “se ve a la primera”, que no son capaces de saber que es, se rechaza, no les gusta. Hay muchas personas que no se paran a reflexionar sobre que el Arte no es saber reconocer figuras, sino sentir emociones a partir de la observación de la mano de la estética. El objetivo esencial del Arte, al menos para nosotros, es agitar las emociones de aquellos que lo observan, generar en nosotros sensaciones sean del color que sean. Los griegos aportaron la didáctica a la contemplación, así descubrimos el sentido lúdico y el gusto por sí mismo; o quizá, siempre estuvo ahí, algo innato en el humano, a pesar de las normas, cada vez más academizadas. Emociones, por muy extrañas que nos parecieran ante el Arte, permanecían dentro de nuestro estómago, o de nuestro corazón, en ocasiones sin saber por qué ese algo nos devoraba, nos hacía dependientes a la belleza estética que nos empujaba hacia los museos.

Keith Arnatt, “I am a real artist”

Detrás de la obra de los artistas se esconden todas y cada una de las pasiones humanas, las luminosas y las que son más oscuras. Detrás de cada obra creada se esconden muchas ilusiones y decepciones; detrás de cada obra existen caminos perdidos o rechazados por su autor, senderos que nunca verán la luz; si acaso, serán intuidos por los futuros espectadores, por aquellos que desean llegar hasta el fondo y compartir con el artista una historia bella o sencillamente desgarradora. El Arte es encararse con la pasión sin miedo alguno, disfrutando al máximo con el impulso creativo de otros, la fuerza de la ensoñación ajena que se convierte en nuestra; dejarnos llevar por esa necesidad a la que nunca podremos dar la espalda y que nos obliga a saltar a la piscina de las ideas, de disfrutar de sensaciones, de emociones, con formas y colores, o para robarle un instante a la realidad.


Necesitamos desarrollar en nosotros la capacidad analítica y crítica que nos susurra, o incluso nos grita al oído, que la opinión de un crítico de arte tipo New York Times Art’s Critic, en lo que se refiere a nuestras emociones individuales y muy personales ante el Arte, hoy en día no vale un centavo.

fonte: @edisonmariotti #edisonmariotti  Espacio Visual Europa (EVE)

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