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sexta-feira, 26 de junho de 2015

AGENDAS MUNDI XLI – MUSEOS DE AFGANISTÁN -- · en ARTE, CULTURA,INSTITUCIONES, MUSEOGRAFÍA, MUSEOLOGÍA, OPINIÓN, VIAJES. ·

No nos vamos a engañar, Afganistán no es un país ideal como destino turístico, ni siquiera para avezados viajeros como nosotros. Para el visitante de a pie, es un mundo que se aleja totalmente del concepto del mochilero en Tailandia o navegar de isla en isla en Grecia. Es un país que actualmente se está recuperando de casi tres décadas de guerra, con una serie de gravísimos problemas persistentes. Si finalmente te decides a ir, que sepas que deberás invertir primero, mucho, mucho tiempo, recopilando la información más reciente que se pueda sobre seguridad personal, recopilando las noticias de otros viajeros o compañeros de trabajo que se encuentren en el país – podéis llamar y preguntar también a la central de Blackwater -. Aunque sigue siendo una zona muy inestable, a menudo tremendamente hostil con los occidentales y los soviéticos, Afganistán contiene algunos tesoros increíbles que hay que ver. Kabul mantiene un ritmo animado y Mazar-e Sharif y el noreste de Afganistán es el hogar de la mayoría de los lugares sagrados del país. Samangan (Aibak) es el lugar de las cuevas y ermitas de Takht-e Rostam, una joya budista escondida y, mientras la destrucción sin sentido de las estatuas de Buda de Bamiyán todavía resuena en nuestros oídos, sus ruinas, situadas en un valle tranquilo, siguen siendo un espectáculo imponente al que no se le puede dar la espalda.

Con los preparativos adecuados, y alerta – todos los sentidos en modo “On” para estar en guardia, ojo avizor a lo que esté pasando a tu alrededor -, una vez que estás allí, viajar por todo Afganistán no es sólo una aventura, resultará también muy gratificante. Este momento post-talibán ha traído inversión al país por primera vez en años, y la logística de moverse y encontrar un lugar donde quedarse se ha convertido en algo cada vez más sencillo. Y ya no sólo eso, es convertirá en un país adictivo para ti seguro. Una vez en Afganistán, hay algo acerca de la gente, la historia e incluso el aire que puede meterse en la sangre y así lanzar la promesa al aire de regresar algún día.

Vamos ya con los pocos museos que quedan en pie…



El Museo Nacional en Kabul fue, en otros tiempos, uno de los más grandes museos del mundo. Sus exposiciones, con importantes colecciones, que van desde monedas de oro griegas a la estatuaria budista y bronces islámicos, son testigos de la ubicación de Afganistán en la encrucijada de Asia. Después de años de abusos durante la guerra civil, con la ayuda de la comunidad internacional y la dedicación sin igual del personal del museos, se está levantando lentamente de las cenizas. El museo abrió sus puertas en 1919, y fue casi totalmente abastecido con piezas excavadas en Afganistán. Como la caída de Kabul comunista se hizo evidente con la retirada soviética, muchas de las piezas más valiosas fueron trasladados a un almacenamiento seguro, pero la mayoría de los objetos expuestos se mantuvo en el museo. Lamentablemente el museo rápidamente se vio en la primera línea de la lucha terrible de los muyahidines en Kabul. Entre los años 1992 al 1994 el museo fue utilizado como base militar de los muyahidines. Durante este período, el museo fue saqueado masivamente seleccionando las piezas más valiosas para la reventa en el mercado de antigüedades ilícitas (biblioteca y el inventario del museo también se perdieron en este momento, obstaculizando los esfuerzos para rastrear la procedencia de los bienes robados). Entre los tesoros de incalculable valor perdido se incluyen muchos de los marfiles de Bagram, el Tesoro Kunduz de monedas greco-bactrianos y las estatuas únicas de Buda de Gandhara. Durante este saqueo, el museo se dañó aún más en un ataque posterior con misiles que destruyó su piso superior. Cuando el gobierno de Rabbani recuperó el control de la zona, los soldados enviados a custodiar el sitio continuaron el saqueo de lo que quedaba aun en el museo. En la captura de Kabul de 1996, los talibanes se comprometieron a proteger lo que quedaba, pero fue una promesa de corta duración. En marzo de 2001, como ocurrió con los Budas gigantes de Bamiyán, los soldados entraron en el museo con martillos y rompieron las estatuas y todos los objetos expuestos que pudieron encontrar. Utilizaban el lema que decía que la Cultura lleva a la destrucción. Que el museo siga en pie es poco menos que un milagro. Menos de un tercio de la colección sobrevive, pero hay una cantidad sorprendente de piezas actualmente en su exposición. En el hall de entrada hay un lavabo de mármol negro del siglo XV de Kandahar, conocido coloquialmente como el cuenco de mendicidad de Buda mendicidad, debido a la flor de loto tallada en su base. A la izquierda hay una gran inscripción griega de Ai Khanoum ya la derecha está la Tabla Rabatak encontrada cerca de Pul-e Khumri en 1993, aún por descifrar la escritura bactriana. Más adelante, un par de vitrinas muestran estatuas greco-bactrianas de Buda en piedra caliza y esquisto, los pocos que escaparon de la ira de los talibanes. Otros tesoros incluyen la parte inferior de una maravillosa puerta de mármol tallada en Kabul, y una sección de estuco reconstruida de una mezquita del siglo XII de Lashkar Gah. Las exhibiciones se intercalan con las fotos de los artículos robados y del museo medio demolido. Lo más destacado del museo actualmente es la galería nuristaní de arriba. Está lleno de grandes deidades de madera y figuras ancestrales, esculpidas antes de la década de 1890 cuando la región era todavía pagana. La seguridad es estricta en el museo, con examenes del bolso al salir y al entrar. Mientras esperas, toma puedes leer la placa en la puerta que dice: “Una nación permanece viva cuando su cultura sigue viva”, curioso.



Situado en la capital de Afganistán, Kabul, la Mina Museo OMAR contiene una colección de 51 tipos de minas terrestres utilizadas en el Afganistán en guerra durante años. OMAR es un acrónimo de la Organización para la Eliminación de Minas y Rehabilitación Afgana. La colección incluye artefactos explosivos sin detonar, bombas de racimo y bombas de lanzamiento aéreo utilizado por la guerra en Afganistán; todo muy interesante (?). El museo también muestra una gran variedad de otros equipos militares de las guerras libradas en Afganistán durante las últimas décadas, incluyendo artillería, misiles tierra-aire, y una colección de aviones militares soviéticos. Dr. Shah Walie es uno de los organizadores principales del museo. Por razones de seguridad, el museo no está abierto para los visitantes ocasionales. Todos los visitantes deben hacerse con la entrada a través de la oficina principal OMAR. Como que pasamos…



El museo de arte musulmán está localizado en la ciudad de Ghazni, Afganistán. Se encuentra concretamente en Rauza, un suburbio de Ghazni. El museo abrió sus puertas por primera vez por Instituto Arqueológico Misionero de Italia en 1966, con muestras de piezas del siglo XVI del Mausoleo de Abd al-Razzaqto de la época islámica en el país. El trabajo se detuvo durante la guerra con la Unión Soviética después de 1979 en la que varias de sus piezas fueron dañadas. Desde entonces se ha vuelto a restaurar en el periodo 2004-2007. Una colección de piezas desenterradas en la zona de Ghazni ahora se encuentran en el museo nacional de Kabul.



La ciudadela de Herat, también conocida como la Ciudadela de Alejandro, y conocida localmente como Qala Iktyaruddin, está situada en el centro de Herat en pleno Afganistán. Su origen se remonta al año 330 aC, cuando Alejandro Magno y su ejército llegaron a lo que hoy es Afganistán después de la batalla de Gaugamela. Muchos imperios la han utilizado como cuartel general en los últimos 2.000 años, y fue destruida y reconstruida muchas veces a lo largo de los siglos. Esta ciudadela histórica se salvó de la demolición en la década de 1950, y fue excavada y restaurada por la UNESCO entre 1976 y 1979. A partir de décadas de guerras y negligencia, la ciudadela empezó a desmoronarse, pero en los últimos años varias organizaciones internacionales decidieron reconstruirla completamente. El Museo Nacional de Herat también se encuentra dentro de la ciudadela, mientras que el Ministerio de Información y Cultura de Afganistán es el encargado de todo el recinto.



El Museo de la Yihad se encuentra en la capital de la provincia occidental de Herat en Afganistán. Fue construido en 2010 como un lugar donde los afganos pudieran entender la naturaleza de los conflictos del pasado y su historia. Desde su apertura, el museo ha dado la bienvenida a muchos visitantes, incluyendo congresistas estadounidenses y el subcomandante de las fuerzas de la OTAN en Afganistán. El museo busca informar a los visitantes de la difícil situación de los muyahidines y para “educar” a los afganos. Se trata de un monumento a los héroes muyahidines que lucharon contra los soviéticos en los años 70 y 80, así como a los afganos que perdieron la vida luchando en aquella guerra. El museo está diseñado como una rotonda azul, verde y blanca. En el exterior del edificio están inscritos algunos de los nombres de las víctimas de la guerra, tanto hombres como mujeres. También hay varios poemas dedicados a los mártires que cubren la rotonda. Situado en un parque encima de una colina, el museo de la Yihad está rodeado por un apacible jardín con flores y fuentes. El museo contiene varias exposiciones que están abiertas de forma continua y que muestran siempre diversos temas relacionados como decíamos con las batallas muyahidines contra los soviéticos.

6. Museo Provincial de Nangarhar (sin site) | Hadda


Destruido por la guerra. No podemos deciros más sobre él lamentablemente. El muro de la foto superior formaba parte del edificio del museo.

7. Museo de Kandahar (sin site) | Kandahar


También destruido por la guerra. El museo se fue mudando y distribuyendo sus colecciones de sitio en sitio en función de los enfrentamientos bélicos: en Herat, Balkh, Nangarhar y Kandahar, durante los años 1960, 1970 y 1980. Objetos y artefactos regionales fueron alojados en estos museos. A medida que la situación en Afganistán se puso ya realmente fea, las reliquias fueron enviados a Kabul para su protección. Sin embargo las piezas atesoradas tampoco pudieron escapar de la destrucción aún allí. Ahora el gobierno electo de Afganistán está tratando de reunir las piezas dispersas perdidas durante este terror inigualable.



El Museo de Balkh era antes el segundo museo más grande del país, pero su colección ha sufrido también saqueos en los últimos tiempos – ¿cómo no? -. El museo también es conocido como el “Museo de la Mezquita Azul”, el edificio del museo comparte una biblioteca musulmana que no fue destruida, por supuesto. Además de exposiciones de las antiguas ruinas de Balkh, la colección incluye obras de arte islámico como es un Corán del siglo XIII, y ejemplos de arte decorativo y popular afgano que no corrieron peligro alguno. La ciudad de Balkh dejó muchos testimonios de la historia de la cultura afgana teniendo un papel importante en el desarrollo de la lengua persa y la literatura. Las primeras obras de la literatura persa fueron escritas por poetas y escritores que eran originalmente de Balkh.

9. Nichos Pétreos de Buda – Museo Cielo Abierto (destruido por los talibanes) | Bamiyán


El impresentable de la foto posa orgulloso al lado del hueco que ha dejado la destrucción de uno de los maravillosos budas excavados en las paredes de roca hechos ahora polvo a golpe de cañonazo. Una de las señas islamistas, dentro de su inmensa estupidez que parece no tener fin, es la destrucción sistemática de aquel patrimonio cultural que no rinde culto absoluto a lo musulmán. Al margen del desprecio profundo que sentimos por tanta salvajada, os decimos que el apogeo de Bamiyán era un lugar de peregrinación budista que duró varios siglos. Después de un breve período de convivencia con sus vecinos musulmanes en expansión, se deslizó ya en un declive terminal alrededor del siglo X, cuando muchas estatuas y templos fueron destruidos. Los recuerdos del pasado budista se desvanecieron y los lugareños comenzaron a suponer que las estatuas fueron de reyes paganos. Sorprendentemente, Genghis Khan las dejó de pie – lo único que dejó intacto en Bamiyán, por otra parte -. Gran daño se hizo en el siglo XVII, cuando el emperador mogol Aurangzeb destrozó la escultura más grande e importante de todo el santuario excavado en roca. Cien años más tarde las piernas del Gran Buda fueron seccionadas por el persa Nadir Shah. Durante la guerra civil, los nichos y cuevas fueron utilizadas a menudo como depósitos de municiones, en los que algunos soldados de vez en cuando usaban las estatuas para hacer prácticas de tiro informal y matar el aburrimiento. El final, de la mano de la terrible estupidez de estos ignorantes y peligrosísimos salvajes talibanes, llegó con su demolición total en marzo de 2001, dejando tras de sí un testimonio indeleble de las muchas pérdidas culturales que ha sufrido el pueblo civil de Afganistán en las guerras recientes.

Se nos ha puesto mal cuerpo este viernes y más recordando lo que ha pasado con Afganistán y lo que ahora está pasando con Palmira, sin pararnos a mencionar la tremenda desgracia humana en Siria y otros lugares asolados por la barbarie islamista; y no solo allí, sino por todo el reguero de destrucción que dejan estos imbéciles asesinos de la yihad. No queríamos terminar así, pero es lo que tiene adentrarse en el mundo musulmán de hoy en día, donde la ignorancia combinada con la mayor de las crueldades humanas es la que hace de gran parte de este mundo nuestro un auténtico infierno, lo están convirtiendo en un lugar terrible para vivir con la apatía de occidente como testigos mudos. A ver cuando se van ya de una vez al diablo.



fonte: @edisonmariotti #edisonmnariotti Espacio Visual Europa (EVE)

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