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domingo, 27 de setembro de 2015

EL MUSEO VACÍO -- · en CULTURA, DIDÁCTICA PARA NIÑOS, GESTIÓN, INSTITUCIONES, MUSEO, MUSEOLOGÍA, OPINIÓN,TECNOLOGÍA. ·

En nuestras visitas a los museos, lo que para muchos es una gozada al encontrarse el museo vacío, para nosotros es una situación angustiosa. Visitar museos vacíos es una señal clara de que en esta sociedad hay algo que no funciona; si el ocio social está cada vez más alejado de la cultura, con museos y galerías sin un alma, es que tenemos un serio problema, en realidad es la sociedad la que tiene un verdadero problema. La cultura y el conocimiento son los ingredientes imprescindibles para que la sociedad avance en la dirección correcta. Y para poder hacerlo, los instrumentos de difusión públicos de ese conocimiento deben llegar a las personas, dejando de navegar por el limbo del no se sabe qué hacer al respecto.


¿Qué podemos hacer para que la sociedad se acerque a los museos? Lo primero es que el museo se observe a sí mismo y determine con honestidad sus puntos fuertes y sus debilidades. Un análisis concreto y contrastado sobre lo qué ocurre en la relación museo-visitante se hace imprescindible. Si el dictamen es que el museo es aburrido, carece de discurso coherente, sus servicios no están a la altura entre otras cosas, ya sabemos cuales son sus debilidades. Llegados a este punto deberemos decidir si nos sumergimos directamente en el abandono apoyándonos en los argumentos de la crisis – sin dinero no se puede hacer nada -, o le damos a la manivela de la creatividad para mirar al futuro con cierto optimismo. ¿Qué fácil es decirlo? A nosotros nos parece más sencilla la opción del abandono esperando milagros que no ocurrirán.


¿Cambiar los hábitos y costumbres de toda una sociedad para que se acerque a la cultura? La cultura debe acercarse a la sociedad. Evidentemente, tenemos ya batallas perdidas querámoslo o no. Esta sociedad tiene generaciones que no se van a acercar a un museo ni por equivocación. No hay que embarcarse en quimeras inalcanzables porque agotan y son dolorosas. Deberíamos prestar toda nuestra atención a las generaciones que están a tiempo de adoptar buenas costumbres, que se acerquen a la cultura haciendo que ésta forme parte de sus idas sin estridencias; debemos prestar toda nuestra atención a los niños y niñas.


El museo debe generar estrategias que deriven en acciones de seducción hacia los padres y sus hijos e hijas. Olvidémonos de las generaciones ya perdidas: si alguien con 30 años no le gusta leer, no vas a conseguir que lea, olvídalo. Está más que claro que los museos deben centrar su atención en cuidar a sus incondicionales, los espontáneos visitantes de museos – pocos – y poner toda la carne en el asador para las familias. La única esperanza de que el museo deje de estar vacío, aunque sea un esfuerzo a medio o largo plazo, es que guste la visita al museo guste a las familias.


El otro día nos contaban la anécdota de una madre que llamaba a sus hijos a cenar usando el WhatsApp de su smartphone, estando todos dentro de la casa, es un poco triste pero cierto. Nosotros hemos sido testigos de como un bebé encendía un iPad y se ponía tranquilamente a jugar. ¿A dónde hemos llegado? Estas situaciones, realidades cotidianas para los niños y niñas de nuestra sociedad, nos llevan a reflexionar sobre qué es lo que estamos haciendo mal. Convocar al público en nuestros museos con la ayuda de cuentacuentos, por muy buenos que estos sean, no llevan a los niños y niñas al museo; ese tipo de propuestas no deben convertirse en el recurso por excelencia. El problema que debemos analizar es el que trata de la relación que existe entre contenido museológico y el niño/niña. Si el contenido y el niño/niña no se caen bien, debemos analizar que ocurre si queremos salvar esa potencial buena relación.


El museo es un lugar aburrido. ¿Por qué el museo es un lugar anodino? Pues porque allí no ocurren cosas excitantes. Una vitrina repleta de objetos del Paleolítico inferior es sosa, lo queramos o no. Esa vitrina solo puede excitar a un arqueólogo, y a veces ni eso. Pongamos un ejemplo: ¿Qué ocurre si le pasamos al niño/niña nuestro smartphone y le decimos que en esa vitrina aparentemente sosa están ocurriendo muchas cosas pero que son invisibles a primera vista? Estamos seguros de que al niño/niña le faltará tiempo para que smartphone en ristre se ponga a investigar a su aire. Si lo que ahora logran observar les divierte, aunque sea con el apoyo de la tecnología como si fuera un juguete, conseguiremos dar un enorme salto para que esa relación contenido-niños/niñas se vuelva amable, se vuelva divertida, se vuelva didáctica.


Son muchas las ocasiones en las que no observamos correctamente el verdadero origen del problema. No podemos analizar la realidad desde nuestro único punto de vista, resulta un hecho endogámico que no ayuda a mejorar las cosas. Esa observación debe ser universalista, amplia, neutra, positiva, abierta, adaptada a nuestros tiempos y debemos preguntar mucho. Es imposible conocer sin preguntar. Es importante no perder la ocasión de preguntar a los niños y niñas sobre todo lo que sea importante y aporte ideas aplicables para que sean felices y se diviertan en los museos. Debemos abandonar esa mala costumbre de no preguntar a los niños y niñas, de no dialogar con ellos. Creemos que hay que acercarse a esas familias y preguntar, porque son las familias las únicas que pueden acabar con el vacío de nuestros museos, entendiendo que los museos son lugares divertidos.


fonte: @edisonmariotti #edisonmariotti Espacio Visual Europa (EVE)

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