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domingo, 31 de julho de 2016

Historia y Anticuarios

Anticuario,
-ria s. m. y f.
Persona que se dedica a estudiar muebles y objetos antiguos de valor y a comerciar con ellos.

Los anticuarios y la historia han estado muy relacionados siempre, no solo porque las dos disciplinas están conectadas directamente con el estudio del pasado. Los historiadores, en todo caso, no suelen usar generalmente la palabra "anticuario" de manera cariñosa, de forma positiva y amable, más bien todo lo contrario.



Si un libro se describe como "antigüedad", no estamos hablando del detalle, evidentemente; así no se hace una valoración exhaustiva de la realidad del libro; son maneras de denominar las cosas de manera generalista, sin alcanzar a ver una realidad absoluta que ocupa un lugar en el tiempo. El anticuario vela para que todo sea meticulosamente investigado, a veces partiendo de información muy escasa o casi nula, de poco interés para nadie, excepto para el especialista. Un trabajo que, con un posible aluvión de detalles empíricos, se puede perder el argumento principal. La historia, por el contrario, trata de analizar, comprender y explicar la realidad pasada, siendo el historiador un profesional interesado tanto en las ideas como en los objetos, considerando el conocimiento general, así como el específico. Se trata de una interpretación completa del pasado, un ejercicio que no solo contempla un simple registro de observaciones objetivas.


Hay una larga historia sobre esa visión bastante negativa sobre las anticuarios y su relación con la historia, posiblemente a partir de los celos profesionales entre gremios: anticuarios versus historiadores. Incluso en el siglo XVII, la figura del anticuario fue cruelmente caricaturizada como hombres - curiosamente no se incluyen mujeres en estas malignas consideraciones - que eran extrañamente especuladores, solitarios, individualistas y roñosos, enemigos de la verdad, si esa verdad no era rentable, manipuladores en la búsqueda exclusiva de obtener beneficio propio, sin darle importancia a su posible aportación al conocimiento de la historia (extremadamente duro, ¿no?). En el pasado, también se han dado interpretaciones menos crueles, siendo también considerados como personas románticas, amantes de las arrugas e imperfecciones que sufre la historia con el paso del tiempo.


Éstas imágenes recurrentes del anticuario sugieren una obsesión enfermiza del personaje, patológica en su relación con el pasado, que valora los objetos de forma indiscriminada a partir de su edad y su estado de descomposición, en lugar de por su significado, impacto histórico o importancia.

Hemos conocido caricaturas cruelmente ingeniosas de estos profesionales de la historia, pero que despejan pocas incertidumbres sobre lo que los anticuarios han hecho en el pasado o lo que hacen ahora. Dadas las connotaciones negativas de la palabra "anticuario" en algunos sectores (mucho más en el mundo anglosajón que en el latino), no es de extrañar que algunos de estos profesionales hoy en día no se definan asimismo como tales. Pero aunque pueda sonar a contrasentido, y fijándonos principalmente en el mundo anglosajón, debemos decir que existe una respetada y floreciente Sociedad de Anticuarios (fundada en 1707), que cuenta con una membresía actual de más de 2.300 orgullosos miembros. También hay numerosas sociedades regionales y locales en todo el mundo que llevan la palabra "anticuario" en su título, como la Sociedad de Anticuarios de Cambridge, la Sociedad de Anticuarios de Halifax, la Sociedad Histórica de Anticuarios de Bradford, y los anticuarios y especialistas en numismática de la Sociedad de Anticuarios de Filadelfia.


Mencionando otro ejemplo no latino, la Sociedad de Anticuarios de Londres incluye entre sus miembros a arqueólogos, historiadores de arte, historiadores de arquitectura, historiadores especialistas en un determinado periodo de la historia antigua, eruditos del siglo XX, archivistas y profesionales relacionados con el patrimonio y la conservación. La mayoría de ellos, por no decir todos, están relacionados con aspectos puramente materiales del pasado, ya sean objetos arqueológicos, obras de arte, manuscritos, muebles, libros, prendas, etcétera, o relacionados con la construcción. Los arqueólogos son, de largo, el grupo más numeroso entre los miembros de la Sociedad de Anticuarios de Londres.


En una recientemente inaugurada exposición que la Sociedad de Anticuarios organizó con el título "Haciendo Historia", se hizo una especial mención a la contribución de los arqueólogos, como importantes miembros de la asociación, tanto como profesión como disciplina académica. En todo caso, los anticuarios de hoy en día siguen asociados a su aproximación al pasado siempre a partir del objeto puntual, en la búsqueda y preservación del material que han descubierto. Podemos afirmar que Mister Scrooge no era en realidad un anticuario.


Sí, vale, todo está muy bien pero, ¿qué han tenido que ofrecer los anticuarios a la disciplina de la historia, en comparación con el desarrollo de la arqueología moderna, por ejemplo? Tradicionalmente, la arqueología se consideraba como la "esclava" de la historia, obligada a proporcionar la materia prima para construir una narrativa histórica, verificando los acontecimientos de la historia a partir del material que corrobora una evidencia. El trabajo de desentrañar un hecho puntual en un momento concreto del tiempo pasado. Pero la comprensión de esa naturaleza, con relación a las antigüedades y su historia, se articula a partir de una época en la que esa historia era esencialmente un ejercicio literario, algo más que un trabajo de investigación como entenderíamos hoy. El historiador se esforzó en escribir una narrativa que buscaba ser elegante, erudita, florida en su sintaxis y extensa en su contenido. El propósito de escribir así la historia era proporcionar una guía para que estuviera "atrapada" en el presente. Por comparación, el anticuario podría referirse simplemente a la recuperación de los detalles empíricos del pasado, y punto pelota.


La actual densa monografía disponible, sin embargo, está basada en la investigación a partir de archivos detallados, evitando cuidadosamente la especulación poco científica usada en el pasado. En ocasiones, como decíamos anteriormente, la forma de "construir el pasado" del trabajo del anticuario de antaño, como concepción de ese gremio "a pie de calle", se percibe como un trabajo alejado de la meticulosa labor de los científicos de la historia. Muy al contrario, dentro de la profesión, los anticuarios se enorgullecían al evitar conjeturas, suposiciones, distorsiones y la exageración. Mientras que los historiadores podrían escribir con fines polémicos para certificar un punto político o moral, el anticuario presentaba los hechos simplemente como sucedieron. Los historiadores podrían tratar de forzar los acontecimientos del pasado por algún motivo preconcebido, pero el anticuario era estudiadamente neutral. De todo este ir y venir surgieron los problemas e intentos de descrédito entre unos y otros, que aun permanecen actualmente. El anticuario Sir Richard Colt Hoare, lo expresó a la inglesa, es decir, muy sucintamente: "Hablamos de los hechos, evitamos las teorías". El sir quiso así dar énfasis a la rigurosa observación empírica y al análisis comparativo. Los anticuarios del pasado fueron generadores de gran parte del lenguaje de la experimentación científica histórica: Compararon sus propios esfuerzos a los del científico en un laboratorio. Estaban orgullosos de afirmar que las antigüedades eran ciencia, un ejercicio científico basado en la observación escrupulosa y la atención al detalle.


En realidad, la importancia de la investigación empírica cuidadosa, ya sea documental o arqueológica, se introduce en la historia a partir del trabajo del anticuario en el siglo XIX. Historiadores como William Stubbs, fundador de la cátedra de historia constitucional de la Universidad de Oxford, utilizó métodos "de anticuario" y fuentes contrastadas en sus trabajos de investigación. Del mismo modo, la demanda de Leopold von Ranke para que los historiadores tratasen de construir "el conocimiento de la historia tal y como fue", a partir de la investigación de los archivos históricos de manera completa y detallada, tiene una clara relación con el espíritu estudioso del anticuario del siglo XVIII, Richard Gough, que escribió: "La buena disposición y el uso adecuado de los hechos pasados se llama historia".


Hay quien opina que los "historiadores post-modernos" tienen menos confianza en su capacidad para "recuperar" el pasado con absoluta certeza empírica, siendo posible notar la influencia que ha tenido en ellos el "pensamiento del anticuario", y su metodología como disciplina para desentrañar la historia. Por ejemplo, aunque los historiadores se especialicen en ciencias sociales, pueden no estar acostumbrados a pensar en sí mismos como "anticuarios" en espíritu, siendo quizás lo más cercano, actualmente, al concepto de lo que era la misión de los antiguos anticuarios de cara a desvelar la historia. Los historiadores modernos recogen pruebas metódicamente y usan el análisis comparativo. Los historiadores, a menudo (pero no siempre), creen que sus datos reflejan la realidad objetiva del pasado; y al igual que los anticuarios del pasado, definen su disciplina como una "ciencia". En períodos anteriores, los muy críticos muestran su desprecio a los anticuarios, justificando que estos últimos estaban más interesados en los aburridos restos del pasado: Un oxidado tenedor, fragmentos de ropa, recetas médicas o juguetes para niños. Estos objetos, de interés para los anticuarios, en realidad arrojan luz sobre los "usos y costumbres" del pasado. Hoy podemos reconocer en aquellos profesionales este temprano interés por las costumbres, hábitos de las personas "comunes", siendo este interés una de las piedras angulares para construir la historia social que conocemos.


El legado de las antigüedades también vive en el campo de la historia familiar. Los estudios genealógicos siempre fueron un elemento clave de la investigación del anticuario, siendo cruciales en el establecimiento de los derechos legales de la propiedad, en los casos de herencia en disputa o en la certificación formal de la antigüedad del linaje de la familia, en un momento en el que las propiedades eran más dependientes del nacimiento y posterior estatus social. Los historiadores de la familia, hoy en día, deberían tener una deuda de gratitud con las investigaciones de los anticuarios, ya que comparten gran parte de su metodología y sus fuentes. Sin embargo, el historiador de la familia no es el equivalente moderno del anticuario del siglo XVIII y XIX. Más bien, los estudiosos en este campo están generalmente motivados por el deseo de descubrir algo acerca de los orígenes de su familia. La necesidad de establecer los derechos de herencia de propiedad o la antigüedad de la familia de uno, ha perdido la importancia y trascendencia que originalmente dio lugar a esta rama de estudio.


Del mismo modo, las antigüedades siempre han tenido fuertes vínculos con el estudio de la historia local. Algunos de los primeros anticuarios eran topógrafos, como John Leland o William Camden, siendo conscientes de que el paisaje podría ofrecer pistas importantes sobre la historia de las personas que alguna vez habían habitado en ese lugar. Los primeros intentos de trazar caminos romanos, descubriendo círculos de piedra, o identificando fortalezas de la edad de hierro, fueron realizados por anticuarios. Por otra parte, los anticuarios siempre han apreciado la importancia del estudio local para ilustrar el impacto del cambio histórico sobre los individuos y las comunidades. La búsqueda de la "histoire totale", ejemplificado por los trabajos de la Escuela de los Annales, muestra que si queremos abarcar todo el conocimiento del pasado humano, nunca podemos prescindir de la contribución que los anticuarios han tenido en la recuperación del saber de periodos anteriores. Del mismo modo, la "interdisciplinariedad", que es uno de los puntos fuertes en el ejercicio de la reconstrucción de la historia local, tal como se enseña en la Universidad de Leicester, por ejemplo, es el equivalente moderno a la diversidad intelectual practicada por los anticuarios del pasado.





Fonte: @edisonmariotti #edisonmariotti

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