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terça-feira, 27 de outubro de 2015

Breve Historia de la Educación en los Museos

Desde el punto de vista histórico, la educación en los museos tiene un pasado muy extenso, que comenzó a consolidarse a inicios del siglo XX. Los pioneros de la educación en los museos nacieron en Norteamérica y fueron mujeres. Anna Billings Gallup, maestra que trabajó en el museo Brooklyn Children's Museum en 1903, y una superintendente, encargada del sistema educativo de New Jersey, Louise Connolly, en 1912, ellas son ejemplos que nos ilustran sobre las grandes educadoras de museos en sus etapas más tempranas de esta profesión, para nosotros todas unas heroínas transformándose en pioneras de la educación en los museos de Estados Unidos - que buena falta les sigue haciendo -.


Sobre la experiencia histórica canadiense sobre este tema, es preciso resaltar la existencia de programas de estudios en vigor en las escuelas públicas católicas francófonas del estado de Quebec que, desde 1923, proponen la visita al museo como estrategia pedagógica susceptible de completar la enseñanza dispensada en las aulas. Más adelante, el programa de estudios de 1940 recomendó habilitar un museo en cada escuela del estado como recurso para la educación de sus alumnos.


Una vez finalizada la segunda guerra mundial, los museos contribuirían a la formación didáctica creando una estrategia de educación pública pensada para instruir a la mayoría de la población. En los años cincuenta, se argumenta que los museos deberían estar mejor integrados en el sistema escolar - ¡al fin alguien que es consciente! -. Pero no será hasta la década de 1960 - nadie es perfecto - cuando se reclamará que los museos participen en el campo de los cambios tecnológicos y sociales que vinieron de la mano de lo denominado "el estado del bienestar" (ese estado que se pierde con extrema facilidad actualmente, sobre todo en Europa, y más concretamente en...).


Los museos deben contribuir a la educación, y para ello se crea la función del educador en el museo. En la década de 1960 se produciría un importante desarrollo de los programas educativos especialmente para grupos escolares.


La función educativa de los museos se comienza a concretar; a veces los programas aumentan, pero no siempre producen los resultados deseados, debido a que los museos no están organizados para dar cabida a los grupos de escolares. No disponen ni de los profesionales ni de los recursos materiales adecuados para planificar las actividades a la medida de los escolares. Esta nueva corriente influyó de manera importante en la transformación de unos museos estructurados - hasta ese momento - desde concepciones conservadoras y monolíticas. Seguimos en el mundo anglosajón ya que en el resto del mundo no ocurrió nada reseñable que podamos comentar aquí hoy.

This is England ’86 | The Church of London – Creative Agency

En los años sesenta, el interés educativo por el patrimonio socio-cultural, relacionado con las políticas compensatorias del estado del bienestar, se convierte en un instrumento educativo muy importante. Las ciudades en Estados Unidos, en el Reino Unido y Canadá y, con el tiempo, en el resto de Europa, impulsarán programas educativos para el descubrimiento de los valores patrimoniales de las ciudades y de algunas instituciones culturales, siendo los museos los abrelatas de la dinamización de los museos, desarrollando recursos educativos diversos como son las guías didácticas, materiales audiovisuales y estrategias divulgativas diversas con el objetivo de enriquecer culturalmente al escolar; contribuyendo de esta manera a generar en él una sensibilidad cívica en el respeto hacia el legado patrimonial y la memoria histórica de su entorno. Entra en escena entonces un museo organizado, vivo y didáctico, que con el paso del tiempo se irá imponiendo al hasta entonces preponderante "museo almacén", "museo pasivo".

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Los años noventa incorporarán el concepto de "museo postmoderno": el museo como espectáculo, que produce la ascensión del visitante al estatus de protagonista. El museo se preocupa primordialmente de enriquecer intelectualmente (y emocionalmente) a su público. Las exposiciones permanentes y temporales se consideran un medio para comprender mejor o apreciar un acontecimiento, una técnica, una etapa de la historia, de la civilización, etcétera. El objeto se convierte en documento, al mismo nivel que un tratado o un inventario. El visitante, por la mediación del objeto, accede a otro nivel de conocimiento. Esta nueva forma de entender el museo reivindica la función educativa del museo: la gran tarea del museo es educar al público.


En el caso de los países latinos, España y la zona LATAM - sobre todo México -, se construyeron nuevos museos y se amplían y renuevan algunos ya existentes. El museo se convierte en una atracción turística e incluso en instrumento de transformación urbanística, especulativa en ocasiones, como el caso de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia - ¡que viva la burbuja inmobiliaria! -.


Contamos con una importante red de museos temáticos o multidisciplinares que cubren una gran parte de las expectativas educativas de nuestra sociedad (infantil y juvenil) en esta clase de instituciones. Aun demasiado orientados en exclusiva hacia la conservación y exposición de objetos, estos museos no favorecen todavía un enfoque pedagógico concreto. Hasta hace pocos años, han sido los servicios educativos de los museos, así como las instituciones educativas de las ciudades, los que han posibilitado el desarrollo de una educación patrimonial. Hay mucho trabajo aun que hacer aquí.


* Algunos archivos multimedia no se muestran en este correo electrónico pero se pueden ver en el sitio web.


Espacio Visual Europa (EVE)

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