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terça-feira, 11 de abril de 2017

MUSEOS Y CULTURA MATERIAL. · en CULTURA, INSTITUCIONES, MUSEO, MUSEOLOGÍA, OPINIÓN, PATRIMONIO. · --- MUSEUS E CULTURA MATERIAL

Utilizar las palabras correctas en los estudios relacionados con la cultura material siempre ha sido difícil, porque el término “objeto”, entre otros, puede asumir una gama muy amplia de definiciones, algunas de ellas bastante complejas. En los Estudios de Museos es más útil asignar el término “objeto” a esas piezas relativamente pequeñas y móviles para las cuales esa simple palabra es nuestro término de uso ordinario. “Artefacto” también se puede utilizar de la misma manera, algunos dicen “cosas”, empleándose estas tres palabras sin ninguna distinción particular que marque entre ellas una clara diferenciación, una distinción potencial en el discurso museológico formal. Finalmente, entendemos que “cultura material” es entonces la denominación utilizada como sustantivo colectivo, para designar una colección de “objetos”, o “artefactos”, o “cosas”.


Sería útil abrir algunos caminos a través del bosque de la confusión seleccionando algunas de las palabras claves relacionadas con el material del museo, y examinándolas de cerca. Un grupo de palabras comprende las que se usan para describir una pieza individual, o en términos generales un número de piezas, y este grupo incluye “objeto”, “cosa”, “espécimen”, “artefacto”, “bien”, en plural “bienes” (y “pieza”). Desde el punto de vista del museo, todos estos términos comparten un terreno común ya que nos referimos a ellos como un “elemento” del mundo físico al que se le ha atribuido valor cultural, una definición engañosamente simple.


Un problema común a todos estos términos, que promueve la característica discusión entre la especulación filosófica y los significados cotidianos asociados a las palabras, gira en torno al alcance que se les debe atribuir. En sentido estricto, los “elementos” del mundo físico al que se les atribuye valor cultural no sólo incluyen aquellos “elementos” capaces de ser trasladados de un lugar a otro, lo que comúnmente entendemos cuando decimos «cosa» o «artefacto», sino también ese mundo físico muy grande del paisaje con toda la estructura social que lleva, las especies animales y vegetales que han sido afectados por la intervención del hombre. James Deetz lo expresó muy claramente en una famosa frase: “La cultura material es ese segmento del medio físico del hombre que está intencionalmente moldeada por él, de acuerdo con un plan culturalmente definido” (Deetz 1977: 7).


Es decir, toda expresión cultural, de un modo u otro, está dentro del ámbito de la cultura material y, si la definición de Deetz se traslada a su conclusión lógica, queda probada la relación. También es cierto que la cultura material de muchos museos se encuentran dentro de un marco mucho más amplio, tan grande como el paisaje que exhiben los museos relacionados con el patrimonio industrial. Sin embargo, para fines de estudio, deben establecerse unos límites, por eso hablamos de los “elementos” que se pueden llevar de aquí para allá, “piezas discretas” que siempre han formado y todavía forman el grueso de las colecciones de los museos, consolidando que los museos sean, y sigan siendo, lo que han sido siempre.


Esto nos lleva a un punto de gran importancia. Lo que distingue a los “elementos discretos” de los “elementos relevantes”, si a una “pieza móvil” le otorgamos “valor cultural”, y no primordialmente marcamos esa diferenciación por la mecánica que se ha utilizado para darle forma o contenido, es el modo que usamos para la creación del valor de la “pieza”. La idea crucial es la de la selección, y es el acto de selección el que convierte una parte del mundo natural en un objeto y en una pieza de museo. Podemos demostrarlo a partir de la muestra de la roca lunar que está expuesta en el Museo Nacional del Aire y del Espacio de Washington DC:

“La roca lunar es una pieza real de la luna recuperada por la misión del Apolo XVII. No hay nada particularmente atractivo en la roca; es una pieza bastante estándar de basalto volcánico de unos 4 millones de años. Sin embargo, a diferencia de muchas otras viejas rocas, ésta aparece en una estructura parecida a un altar, colocada sobre un vidrio, y está rodeada con un sistema de seguridad permanente y un dispositivo de monitorización ultrasensible. Hay un cartel encima de la vitrina que dice: “Puedes tocarla con cuidado”, y todos la tocan (Meltzer 1981: 121).



La roca lunar se ha convertido en cultura material porque, a partir de su selección y exposición, se ha convertido en una parte del mundo de los valores humanos, una experiencia material que, evidentemente, cada visitante quiere añadir a su propio sistema de valores personales. Lo que es cierto de la roca lunar es igualmente aplicable a todos los demás objetos naturales colocados deliberadamente dentro de los contextos humanos para su exhibición. También es igualmente cierto que los millones de piezas de historia natural que se encuentran expuestas como colecciones del museo las denominamos “especímenes”, que significa: “un ejemplo seleccionado de un grupo”, como nuestro término habitual para definirlos.

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Es evidente que la adquisición de un espécimen de historia natural implica una selección de acuerdo a los principios contemporáneos, el alejamiento de su contexto natural y su organización de algún tipo de relación preestablecida. Este proceso convierte a un «objeto natural» en una pieza distinguida por el hombre, y significa que los objetos y colecciones de la historia natural, también pueden ser tratados y valorados como cultura material. Todos los hechos físicos aparentemente “naturales” son en realidad hechos discursivos, ya que la “naturaleza” no es algo que ya exista, sino que es el resultado de su construcción histórica y social. Llamar a algo un objeto natural, como dice Laclau y Mouffe (1987: 84), es una manera de concebirlo dependiendo de un sistema clasificatorio: si el hombre no existiera, las piedras estarían en el suelo, pero como existimos, las “piedras” pueden dejar de ser “piedras”, porque los humanos hemos desarrollado la ciencia de la mineralogía, utilizando un lenguaje para distinguirlas y clasificarlas. Por lo tanto, los especímenes de historia natural son “objetos humanos” y, por lo tanto, son susceptibles a su análisis social.


La “cosa” (nada relacionado con los “4 fantásticos”) es nuestra palabra más común para designar a todas estas piezas, y también se utiliza en el habla cotidiana, aplicándola también a toda la gama de asuntos no materiales en nuestra vida del día a día. El “objeto” comparte el mismo espacio tanto en el discurso ordinario como en el discurso intelectual, donde generalmente es el término utilizado. Las formas en que usamos estos términos y las implicaciones de este uso aplicado a lo material dentro de nuestro imaginario colectivo, puede transformar el mundo en un hecho significativo o no. Por ejemplo, el término “artefacto” significa “hecho producto del arte o habilidad” y, por tanto, adopta una visión simple de lo que constituye un objeto material, concentrándose en aquella parte de su naturaleza que implica la aplicación de la tecnología humana al mundo natural. Debido a que el “objeto” está vinculado con las habilidades prácticas y, por lo tanto, relacionado con otras palabras como “artesano”, “artefacto” se transforma en un término de bajo valor social, aplicándose al material considerado de escaso valor, como pudieran ser las mesas y sillas ordinarias, en lugar de pinturas y esculturas.


La palabra “bien” nos llega del mundo de la teoría de la economía y de la producción industrial, ahora también aplicado en la producción tecnológica, y se relaciona con ese aspecto de las piezas materiales (o servicios) que abarcan el valor de mercado que se les asigna, y su tipo de cambio en relación con otros bienes y servicios similares o diferentes. Este es el tratamiento de la cultura material como mercancía, y el trabajo de los antropólogos sociales, particularmente Douglas e Isherwood (1979), han demostrado que pobre es la discusión puramente económica sobre lo material hasta que se le agregan dimensiones sociales o culturales de valor.

Archivo EVE







fonte: @edisonmariotti #edisonmariotti

Espacio Visual Europa (EVE)

Cultura não é o que entra pelos olhos e ouvidos,
mas o que modifica o jeito de olhar e ouvir. 

A cultura e o amor devem estar juntos.

Vamos compartilhar.

Culture is not what enters the eyes and ears, 
but what modifies the way of looking and hearing.





--br via tradutor do google
MUSEUS E CULTURA MATERIAL
INSTITUIÇÕES, museu, a opinião museologia, património.
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Use as palavras certas em estudos relacionados à cultura material sempre foi difícil, porque o termo "objeto", entre outros, pode tomar uma grande variedade de definições, alguns deles bastante complexa. Em Museologia é mais útil para colocar o termo "objeto" para essas relativamente pequenas e partes móveis para o qual esta simples palavra é o nosso prazo para uso comum. "Artefato" também pode ser usado da mesma forma, alguns dizem "coisas", usando essas três palavras sem qualquer marca de distinção especial, incluindo um potencial de diferenciação clara na distinção discurso museológico formal. Finalmente, entendemos que "cultura material" é então usado como um nome substantivo coletivo para designar uma coleção de "objetos" ou "artefatos" ou "coisas".

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Seria útil para abrir algumas estradas através da floresta de confusão selecionando algumas das palavras-chave relacionadas ao material do museu, e examiná-los de perto. Um grupo de palavras que compreende os utilizados para descrever uma única peça, ou em termos gerais um número de peças, e este grupo inclui "objecto", "outro", "amostra", "artefacto", "bom" no plural "bens" (e "peça"). Do ponto de vista do museu, todos esses termos compartilham um terreno comum como nos referimos como um "elemento" do mundo físico que tem sido atribuído valor cultural, uma definição enganosamente simples.
Esta é Agrupar

Um problema comum com todos os termos, que promove a discussão entre especulação filosófica característica e significados cotidianas associadas com as palavras, gira em torno do escopo a ser atribuído a eles. Estritamente falando, os "elementos" do mundo físico que são atribuídos valor cultural não incluem apenas os "elementos" que podem ser movidos de um lugar para outro, o que comumente dizer quando dizemos "coisa" ou "artefato", mas também a paisagem com toda a estrutura social que carrega muito grande mundo físico, os animais e plantas que foram afetadas por espécies intervenção humana. James Deetz expressa de forma muito clara em uma frase famosa: "A cultura material é que o segmento do ambiente físico do homem, que é intencionalmente em forma por ele, de acordo com um plano definido culturalmente" (Deetz 1977: 7).

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Ou seja, cada expressão cultural, de uma forma ou de outra, está dentro do âmbito da cultura material e, se a definição de Deetz mudou-se para sua conclusão lógica, a relação é comprovada. Também é verdade que a cultura material dos muitos museus estão dentro de um quadro muito mais amplo, tão grande quanto a paisagem exibindo museus relacionadas com o património industrial. No entanto, para fins de estudo, devem ser estabelecidos limites, então falamos sobre os "elementos" que podem ser tomadas daqui para lá, "elementos distintos" que sempre foram e ainda formam a maior parte das colecções de museus, consolidando museus são, e permanecem o que sempre foram.

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Isso nos leva a um ponto de grande importância. O que distingue os "elementos discretos" dos "elementos relevantes" se um "parte móvel" damos "valor cultural" e não primariamente marcamos essa diferenciação pela mecânica que tem sido usado para moldar ou conteúdo, é a maneira que usamos para criar o valor do "pedaço". A ideia fundamental é a seleção, e seleção é o ato que se torna parte do mundo natural em um objeto e uma peça de museu. Podemos provar a partir da amostra de rocha lunar está exposta no Museu Nacional do Ar e Espaço, em Washington DC:

"A rocha da lua é um pedaço real da lua recuperado por missão Apollo XVII. Não há nada particularmente atraente na rocha; É uma peça bastante normal de basalto vulcânico de cerca de 4 milhões de anos. No entanto, ao contrário de muitas outras rochas antigas, ele aparece em uma estrutura semelhante a um altar colocado em um vidro, e está rodeado por um sistema de segurança permanente e um monitoramento de dispositivos ultra-sensível. Há um sinal na janela que diz: "Você pode tocá-lo com cuidado", e tudo o toque (Meltzer 1981: 121).

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A rocha da lua tornou-se cultura material, porque, a partir de sua seleção e exposição tornou-se um dos valores humanos do mundo, uma experiência material que, obviamente, cada visitante quer adicionar ao seu próprio sistema de valores pessoais . O que é verdade de rocha lunar é todos os outros objetos naturais deliberadamente colocados dentro de contextos humanos para exibição igualmente aplicável. Ele também é igualment

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